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Sunday, November 1, 2026

“Para ser un soldado exitoso, hay que conocer la historia”. Hace 82 años, el consejo de la leyenda del ejército estadounidense George Patton sobre cómo convertirse en un "soldado exitoso" sigue siendo una de las mejores citas militares en la historia de las Fuerzas Armadas

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"Para ser un soldado exitoso, hay que conocer la historia". Con esa idea, el general estadounidense George S. Patton resumió una de las convicciones que guiaron su carrera: el estudio de las guerras anteriores era una herramienta práctica para quienes debían tomar decisiones en el campo de batalla.

El militar transmitió ese principio por escrito a su hijo, cuando se preparaba para ingresar a la Academia Militar de Estados Unidos, en West Point. En la carta, le recomendó estudiar el pasado de manera objetiva y concentrarse menos en las fechas o los detalles técnicos que en comprender cómo reaccionan las personas ante una situación de combate.

"Las armas cambian, pero el hombre que las utiliza no cambia en absoluto", escribió Patton, según la traducción del artículo publicado por 19FortyFive el 9 de octubre de 2026.

El militar transmitió ese principio por escrito a su hijo. Foto: PHOTO / Andreas Solaro

Para el general, conocer la conducta humana permitía entender las decisiones de los adversarios y encontrar mejores maneras de enfrentarlos.

La frase no era una recomendación académica aislada. Patton consideraba que la historia podía ayudar a reconocer errores recurrentes, anticipar maniobras y comprender por qué algunas campañas habían terminado en victoria y otras en derrota.

Su propia trayectoria estuvo marcada por esa forma de estudiar la guerra. Desde sus primeros años como oficial de caballería hasta su participación en las operaciones aliadas de la Segunda Guerra Mundial, buscó lecciones en las experiencias de comandantes de distintas épocas.

Por qué Patton consideraba que estudiar el pasado era clave para ganar batallas

Patton creció en una familia con tradición militar. Desde chico escuchó relatos sobre sus antepasados que habían combatido en la Revolución estadounidense y en la Guerra Civil. Esas historias contribuyeron a despertar su interés por los conflictos armados y por las decisiones que habían tomado sus protagonistas.

Con el tiempo, amplió sus lecturas a figuras como Julio César, Alejandro Magno y Napoleón Bonaparte. No se limitaba a repasar los movimientos de los ejércitos: también analizaba la personalidad de los comandantes, su capacidad para tomar la iniciativa y la manera en que reaccionaban ante situaciones inesperadas.

Patton creció en una familia con tradición militar.

Para Patton, la guerra era un arte que exigía comprender tanto las tácticas como el comportamiento de quienes participaban en ella. Las armas y la tecnología podían cambiar, pero las decisiones humanas seguían siendo un factor central.

Esa perspectiva también influyó en su forma de prepararse para las campañas. El general entendía que conocer los errores de otros ejércitos podía evitar que sus propias fuerzas repitieran fallas que ya habían tenido consecuencias en el pasado.

De la antigua Grecia a las campañas de la Segunda Guerra Mundial

Uno de los ejemplos más claros de esa filosofía apareció durante la planificación de la invasión aliada de Sicilia, en 1943. Patton le explicó al general Harold Alexander que Siracusa era un punto clave de la isla porque los atenienses habían fracasado allí en el año 413 antes de Cristo, durante la guerra del Peloponeso.

El episodio de la expedición ateniense a Sicilia formaba parte de las referencias históricas que utilizaba para evaluar los desafíos de una campaña. Para Patton, las experiencias del pasado permitían identificar dificultades estratégicas y entender por qué una operación podía fracasar incluso cuando un ejército disponía de recursos importantes.

También estudió a sus adversarios contemporáneos. Antes de enfrentarse a las fuerzas alemanas en El Guettar, en el norte de África, leyó Infanterie greift an (La infantería ataca), el libro del general alemán Erwin Rommel.

Las experiencias del pasado permitían identificar dificultades. Foto: AP / Huntington Library

Ese tipo de libros le permitieron al general poder familiarizarse con los métodos de combate de uno de los comandantes más destacados de Alemania.

Patton también analizó las tácticas alemanas de la guerra relámpago y las obras de Hans von Seeckt y Adolf von Schell, autores que estudiaron el liderazgo y las operaciones militares. Su objetivo era comprender cómo se organizaban las fuerzas enemigas y qué decisiones podían adoptar en determinadas circunstancias.

El general aplicó esa preparación a su estilo de mando, caracterizado por la movilidad, la rapidez y la búsqueda de la iniciativa. El estudio histórico no reemplazaba la experiencia directa, pero le proporcionaba referencias para interpretar el terreno, evaluar riesgos y decidir cómo actuar.

La historia como herramienta para anticipar al enemigo

La importancia que Patton atribuía al pasado también se reflejaba en su interés por la caballería. Cuando era un joven oficial, estudió las técnicas de combate con espada de los antiguos romanos y cuestionó algunas de las prácticas vigentes en el Ejército estadounidense.

Sostenía que la punta de una espada era más eficaz para matar que el filo. Esa interpretación influyó en el diseño del sable de caballería Modelo 1913, conocido como "sable Patton". Más adelante, fue nombrado instructor principal de esgrima militar en Fort Riley y redactó un manual para el Ejército.

Su método de aprendizaje también contemplaba el estudio de las biografías y autobiografías de militares. Consideraba que conocer las experiencias personales de los comandantes ayudaba a entender sus decisiones y a identificar los factores humanos que podían inclinar el resultado de una batalla.

Su método también contemplaba el estudio de las biografías y autobiografías de militares.

La misma lógica se aplicaba al análisis de las fuerzas enemigas. El conocimiento de las tácticas alemanas contribuyó a que Patton pudiera anticipar movimientos adversarios, como los relacionados con el auxilio a Bastogne durante la batalla de las Ardenas, en diciembre de 1944.

La recomendación que le escribió a su hijo condensaba esa manera de entender la profesión militar: estudiar no solo qué ocurrió en una batalla, sino también por qué los protagonistas actuaron de determinada manera.

Para Patton, las armas podían evolucionar y los escenarios cambiar, pero comprender las decisiones humanas seguía siendo indispensable para conducir tropas. Por eso consideraba que conocer la historia no era un complemento de la formación de un soldado, sino una de las herramientas fundamentales para prepararse para la guerra.

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