De tocar fondo con 12 kilos de más, a ser el abanderado para los Juegos Suramericanos: “Estaba muerto en vida”

El camino de preparación de Rubén Rézola para los Juegos Suramericanos en Santa Fe no empezó en el agua, empezó frente a un espejo. En abril de 2024, el santafesino vio su reflejo y se encontró con una imagen que poco tenía que ver con la que había construido durante más de 15 años como atleta. Tenía 12 kilos de sobrepeso y llevaba más de un año alejado del kayak.
No fue solamente dejar de entrenar: el palista había dejado atrás el alto rendimiento y hasta había abierto su propio taller mecánico, un sueño que perseguía desde chico. Durante ese año y medio sufrió insomnio, perdió sus hábitos de atleta y atravesó una fuerte crisis de identidad: “Cargaba con un peso grande... estaba abatido, como muerto en vida”. Pero aquel día frente al espejo apareció el quiebre: “Dije: hasta acá”. Y volvió a entrenar...
El posteo de Rubén Rézola en febrero del 2026. (@rubenrezola en Instagram)
La vuelta especial para Rézola
El regreso no fue sencillo. Tuvo que recuperar el estado físico después de meses sin entrenar como un deportista de elite y dividir sus horas entre el taller, el gimnasio y el agua. Pero había un motivo que hacía que valiera la pena: los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.
Para Rézola, la posibilidad de competir en su ciudad natal fue determinante. “Uno de los motivos por los cuales volví al equipo nacional y a la alta competencia es porque se hacían los Juegos acá”, contó en uno de sus varios posteos en redes sociales, a modo de catarsis. El deportista de 35 años ya había representado a Argentina en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020, además de conseguir medallas en Juegos Panamericanos y Suramericanos.
Rubén Rézola en Tokio 2020. (AP)
En Londres, logró su mejor marca al terminar 5º en K2 200 metros junto a Miguel Correa, quedando a solo 4 centésimas del podio y asegurando un diploma olímpico. Para Río, pasó a la categoría individual K1 200 metros, donde no pudo acceder a la final principal y quedó 16º en la general tras remar en la Final B. Finalmente, en Tokio, repitió la prueba monoplaza de K1 200 metros, mejorando levemente su actuación al meterse en semifinales y finalizar en el 15º puesto.
En los Juegos Panamericanos, cosechó tres medallas consecutivas en la prueba individual de 200 metros: debutó con plata en Guadalajara 2011 (K2), alcanzó la gloria máxima con el oro en Toronto 2015 (K2 junto a Ezequiel Di Giácomo), y cerró con un bronce en Lima 2019 (K1).
Rubén Rézola y Ezequiel Di Giácomo con el oro en Toronto 2015.
Por el lado de los Odesur, irrumpió con fuerza en Medellín 2010 al lograr un oro (K4 500m), dos platas y un bronce. Más tarde, en Santiago 2014, sumó nuevamente una dorada en K2 200m y otra de bronce.
Pero esta competencia tiene algo diferente: será en su casa.
De nuevo con la bandera argentina
Rézola finalmente consiguió el lugar que buscaba. El Comité Olímpico Argentino lo eligió como abanderado de la delegación nacional junto a Sofía Cairó, reciente campeona del mundo con Las Leonas, para la ceremonia inaugural.
Será un reconocimiento para un deportista que ya estuvo en Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020, que fue tanto campeón panamericano como suramericano, y que supo volver a empezar de cero.
Rubén Rézola y Sofía Cairó, los abanderados. (EFE)

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