Retiro de últimas tropas de EE.UU. en Irak: los riesgos de un nuevo panorama de seguridad para Bagdad y la amenaza de Irán

“Van a fracasar en Irak porque no conocen el idioma ni la historia, y no comprenden la mentalidad árabe”, le dijo Saddam Hussein al agente de la CIA John Nixon, en diciembre de 2003, cuando este lo interrogaba días después de que el entonces líder iraquí fuera capturado en la pequeña localidad llamada Ad-Dawr, cerca de Tikrit, su ciudad natal.
Nueve meses antes, el gobierno del presidente estadounidense George W. Bush había lanzado la Operación Libertad Iraquí, con el objetivo no solo de derrocar a Hussein, sino de que en el país reinaran la libertad y la democracia en un Medio Oriente pos-11 de septiembre.
La invasión estadounidense y la posterior ocupación, que terminó en 2011, dejaron a un país sumido en la violencia sectaria y las insurgencias militantes que costaron la vida a casi 4.500 estadounidenses y mataron a más de 115.000 iraquíes, según los recuentos más conservadores citados por el diario The New York Times.

Tres años después, las fuerzas estadounidenses regresaron para liderar la coalición internacional que luchaba contra el Estado Islámico, la fuerza yihadista compuesta por la fusión de militantes de Al Qaeda y otros extremistas, que una vez se apoderó de amplias zonas de Irak y Siria y se hizo conocida por la masacre de iraquíes musulmanes chiitas, los asesinatos públicos de rehenes y la tortura y esclavitud de mujeres de la minoría yazidí de Irak.
Así, tras más de 23 años y 1,7 billones de dólares gastados, Estados Unidos puso fin a lo que los críticos han denominado su guerra interminable en Irak, cerrando el miércoles su última gran base militar en el país de Medio Oriente y en medio de las dudas sobre si los objetivos propuestos al comienzo de la operación finalmente se alcanzaron.
Con el término de la Operación Resolución Inherente, nombre oficial del Ejército estadounidense para la campaña multinacional contra el Estado Islámico, los últimos de los 2.500 soldados estadounidenses estacionados en Irak este año ya se han retirado.

El acuerdo de la salida de Estados Unidos se alcanzó entre el gobierno de Bagdad y la administración de Joe Biden en 2024. “El hecho de que la administración del presidente Trump cumpliera con la fecha límite del 30 de septiembre, a pesar de la guerra con Irán, refleja la determinación general de Estados Unidos de retirarse de la región”, indicó The New York Times.
“Ya no creemos que necesitemos al Ejército allí”, dijo Trump durante la visita del primer ministro iraquí Ali al-Zaidi a la Casa Blanca en julio. “Tenemos un campeón fantástico, un nuevo campeón”, dijo el presidente estadounidense. “Es joven y apuesto”.
Al-Zaidi, un empresario de 41 años, se sentó junto a Trump durante la visita y anunció un plazo, también fijado para el miércoles, para que las milicias respaldadas por Irán entregaran sus armas. “No hay justificación para su existencia después del 30 de septiembre”, afirmó.

Según informaron funcionarios estadounidenses a The Washington Post, las últimas fuerzas que quedaban en el país se trasladaron a Jordania, sede de la misión en curso para combatir a los militantes del Estado Islámico.
La retirada de las fuerzas y el equipo estadounidenses “marca una transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak”, dijo el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, en un comunicado el miércoles.
Las últimas fuerzas estadounidenses dejan un legado problemático para Estados Unidos. Irak sufrió un elevado número de bajas civiles y un ciclo de violencia sectaria entre la mayoría musulmana chiita iraquí, fortalecida tras años de represión por el gobierno de Hussein, y la minoría sunita, despojada de los privilegios que alguna vez tuvo bajo su mandato.
Las fuerzas estadounidenses también cometieron numerosos abusos, entre ellos la tortura de detenidos iraquíes en la prisión de Abu Ghraib y el uso de contratistas de defensa privados como Blackwater, cuyos asesinatos extrajudiciales de civiles alimentaron un profundo resentimiento por la impunidad estadounidense.

Milicias chiitas
The New York Times indicó que los vestigios físicos de décadas de guerra se borran cada día: los muros de contención que antaño serpenteaban por Bagdad ya han caído, los centros comerciales, restaurantes y obras de construcción bullen de actividad en un país decidido a recuperar el ritmo de la vida normal, truncado por años de atentados con autos bomba.
Sin embargo, la guerra de Estados Unidos contra Irán, que comenzó en febrero pasado, está sumiendo a Irak en un conflicto cada vez más profundo. Así, bajo el liderazgo del primer ministro novato, Ali al-Zaidi, Irak se enfrenta a la ardua tarea de controlar la vasta red de milicias.
Creadas inicialmente con apoyo iraní para combatir la ocupación estadounidense, las milicias asesinaron a cientos de soldados estadounidenses, y el derramamiento de sangre sectario que fomentaron causó la muerte de decenas de miles de iraquíes. En 2014, cuando los chiitas iraquíes se movilizaron para luchar contra el Estado Islámico, las milicias se multiplicaron. Desde entonces, estos grupos, que cuentan con miles de miembros, han aumentado su poder, no solo mediante su fuerza militar, sino también mediante la formación de partidos políticos que las integran profundamente en el Estado.
Al-Zaidi se ha comprometido a someterlas al control estatal para mediados de 2027, indicó The New York Times. Sin embargo, no está nada claro que pueda lograrlo. A través de la cuenta bancaria de Irak en Estados Unidos para los pagos del petróleo, Washington controla el envío físico de los dólares que Bagdad obtiene y ha demostrado estar dispuesto a usar ese poder tras interrumpir temporalmente el flujo este año, indicó el periódico.

Por su parte, Irán está decidido a preservar las milicias, que han demostrado ser valiosas aliadas para lanzar ataques durante la guerra, sembrar el caos regional e infligir graves daños a la economía mundial.
Según informó The Wall Street Journal, en los dos primeros meses de la guerra de Estados Unidos contra Irán, milicianos y fuerzas iraníes lanzaron más de 600 ataques contra instalaciones diplomáticas y militares estadounidenses en Irak.
Como muestra de la inestabilidad en el país, la embajada estadounidense en Bagdad envía ahora frecuentes alertas de seguridad a ciudadanos estadounidenses y otras personas. Aproximadamente dos alertas semanales se refieren a secuestros por parte de milicianos.
De hecho, un equipo del Journal abandonó Bagdad abruptamente este mes después de que funcionarios iraquíes, estadounidenses y europeos advirtieran sobre una amenaza a la seguridad que, posteriormente, funcionarios estadounidenses identificaron como un riesgo de secuestro por parte de una milicia chiita.
Sin embargo, según funcionarios estadounidenses actuales y anteriores, así como expertos en defensa, que hablaron con The Wall Street Journal, Teherán ha renovado su apoyo a las milicias desde que Estados Unidos inició su campaña de bombardeos contra Irán en febrero.

El flujo de armas pequeñas, drones y cohetes de corto alcance y diámetro reducido procedentes de Irán disminuyó inicialmente mientras Teherán se centraba en la lucha contra Estados Unidos, pero se intensificó a mediados de año, dijo al Times un funcionario estadounidense. Los ataques recientes involucraron misiles de mayor alcance y drones, añadió el funcionario, lo que sugiere una amenazante modernización de su armamento.
Este mes, un ataque con drones que, según Arabia Saudita, se lanzó desde Irak cerca de la frontera con Irán, provocó el cierre temporal del oleoducto Este-Oeste, una alternativa cada vez más vital desde que Teherán interrumpió el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz. Otros ataques dañaron un centro diplomático y logístico estadounidense en el aeropuerto de Bagdad.
Muchos iraquíes están preocupados por cómo le irá a su país en esta lucha. “Tememos que Irak pueda ser absorbido”, dijo a The New York Times, Ahmad al-Shammari, empleado del Ministerio de Educación en Faluya, ciudad que llegó a simbolizar las frágiles victorias de la primera presencia militar estadounidense en Irak.
Faluya sufrió las batallas más mortíferas y destructivas para aplastar a los insurgentes durante la ocupación estadounidense, para luego convertirse en la primera ciudad en ser tomada cuando los militantes del Estado Islámico arrasaron el país en 2014.
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