Elecciones de medio mandato: La ola demócrata que amenaza a Trump y a los republicanos

A solo tres días de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, aumentan los cálculos sobre si los comicios del 3 de noviembre -en los que se renueva la Cámara de Representantes y parte del Senado-, producirán una ola azul demócrata o solo una leve influencia de la oposición a Donald Trump y cómo esto se traducirá en las políticas en Washington.
Preocupado por el descontento popular a causa de la deteriorada situación económica, marcada por el alza de precios debido a la ofensiva estadounidense en Irán, el presidente republicano ha convertido las elecciones en una suerte de referendo sobre sus dos años en la Casa Blanca.
“Imaginen, por favor, que estoy en la papeleta electoral”, suplicó Trump a una multitud en Myrtle Beach, Carolina del Sur, a finales de agosto. Aunque ninguna contienda estatal lleva el nombre del presidente, la campaña se ha reorganizado en torno a su figura, y esa decisión podría implicar un costo para su partido en lugar de un beneficio.
“Por tradición y por las circunstancias, estas elecciones constituyen en gran medida un referéndum sobre Trump y su partido. Él mismo ha fomentado este enfoque al personalizar el poder y alardear de decisiones que resultaron contraproducentes (aranceles, la guerra con Irán, ponerse del lado de las grandes tecnológicas, corrupción)”, explica a La Tercera, Michael Cornfield, académico de la Universidad George Washington.
“Cada vez está más claro que la elección gira en torno a los fracasos económicos de la administración Trump. La asequibilidad es una cuestión clave, ya que la gente se enfrenta a precios más altos del combustible y de los alimentos. El supuesto ‘toque mágico’ de Trump parece estar desvaneciéndose; menos candidatos lo incluyen en sus carteles de campaña, aunque la mayoría de los aspirantes republicanos están deseosos de asegurar las bases que lo apoyan. No veo a muchos republicanos votando por los demócratas; existe demasiada desilusión con el gobierno. Preveo que muchos antiguos partidarios de Trump se quedarán en casa, lo cual es una mala noticia para el Partido Republicano”, indica a La Tercera David Richards, académico de la Universidad de Lynchburgh.
¿Qué está en juego?
Los estadounidenses renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 asientos de los 100 que tiene el Senado, además de decenas de gobernaciones. Será la primera vez desde el regreso de Trump a la Casa Blanca que el electorado juzga su gestión en las urnas, y la historia no lo favorece: a menudo el partido del presidente casi siempre pierde escaños en la Cámara Baja en las elecciones de medio mandato, por lo que para Trump su meta es romper esa regla.
Es por eso que el mandatario incluso ha llegado a prometer 5.000 dólares a los adultos estadounidenses, condicionado a que los republicanos conserven el control del Congreso.
Actualmente, los republicanos controlan el Congreso, pero con una mayoría muy estrecha en la Cámara de Representantes, donde tienen 219 escaños, mientras que los demócratas cuentan con 214. Para lograr la mayoría se necesitan 218.
El último reporte de Cook Political Report, que analiza campañas y elecciones, señaló que el escenario más probable es que los demócratas ganen entre nueve y 19 escaños. Eso les otorgaría 224 escaños en el extremo inferior y 234 en el superior. De esta manera, volverán a tener el control de la Cámara.
Sin embargo, la pérdida de la mayoría republicana en el Senado estadounidense sería mucho más perjudicial para Trump. Actualmente este partido tiene 53 asientos y los demócratas 47, mientras que para la mayoría se necesitan 51. En la Cámara Alta la aritmética es más dura para la oposición: los demócratas necesitan ganar cuatro escaños, manteniendo los que ya tienen, con el vicepresidente JD Vance como voto de desempate.
Las encuestas dicen que la batalla por el Senado se ha convertido en una contienda política trascendental que podría inclinarse hacia cualquier lado.
Es por eso que una avalancha de dinero está llegando a estados clave, tanto para demócratas como para republicanos. Los comités de acción política, el principal vehículo para el gasto en campañas electorales en Estados Unidos, han reservado más de 1.400 millones de dólares para publicidad en las elecciones al Senado, según AdImpact, citado por el diario Financial Times.
En la práctica, lo que se decide es si Trump gobernará los dos años que le restan sin contrapesos o si enfrentará una oposición con poder de citación, de presupuesto y de investigación. Están en juego la agenda legislativa, el ritmo de los nombramientos y el tono de la carrera hacia 2028. “Todo lo que hemos hecho... todo podría desaparecer”, advirtió el mandatario durante un mitin en el centro de Nebraska hace dos semanas.
“Si los demócratas ganan el control de la Cámara de Representantes y se lo arrebatan a los republicanos, se rompería la ‘trifecta’ republicana. Esto supondría, en esencia, dos cosas: por un lado, paralizaría prácticamente toda la legislación republicana, dejándola en suspenso durante dos años. Creo que los demócratas también iniciarían una labor de supervisión enérgica y exhaustiva del Poder Ejecutivo y emprenderían investigaciones sobre las acciones del presidente Trump y de los miembros de su gabinete, como el Departamento de Justicia”, explicó, Rusty Hills, académico de políticas públicas de la Universidad de Michigan.
Las batallas clave
A principios de 2026, los republicanos parecían estar bien posicionados en la batalla por el Senado, con muchos escaños que el reporte Cook consideraba seguros para el partido y otros muchos que actualmente ocupan los demócratas como indecisos.
The New York Times indicó que este año hay 13 estados en juego, entre los que se incluyen varios tradicionalmente republicanos, como Texas, Alaska y Kansas.
Los demócratas deben lograr imponerse en al menos dos estados en los que Trump ganó en 2024 por al menos 11 puntos porcentuales. Los analistas y el Cook Report han señalado que hay siete estados indecisos (Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Michigan, Ohio, Texas), pero eso va cambiando semana a semana.
Como muestra adicional del impulso de los demócratas, se considera que Texas, un bastión republicano de larga data, está en juego este año. Según las encuestas, el demócrata James Talarico aventaja con un 49% al republicano Ken Paxton, fiscal general del estado, que tiene 47%. Eso sí, la historia no está a favor de la marea azul, porque ningún demócrata ha ganado una elección al Senado en Texas desde 1988.
En otro estado donde los demócratas pueden hacer historia, es en Carolina del Sur, uno de los más republicanos del país, donde las candidatas se encuentran empatadas. El estado no ha elegido a un demócrata para el Senado desde 1998, y Donald Trump lo ganó por casi 18 puntos en 2024.
En Alaska la batalla por un escaño en el Senado ha escalado. Trump puso en duda que la candidata demócrata Mary Peltola, pueda ocupar su escaño incluso si gana. Sus declaraciones llegan después de que The New York Times reveló que el equipo de Peltola operó para encontrar un tercer candidato con el mismo nombre que su rival republicano, Dan Sullivan, con el objetivo de dividir el voto republicano en los comicios de ese estado.
En la Cámara la guerra es distrito por distrito, y el tablero fue alterado por los rediseños de mapas impulsados por los republicanos en estados como Texas y Florida para blindar su mayoría. El Cook Political Report, sugiere que solo 21 distritos son “indecisos” que podrían ser ganados por cualquiera de los dos partidos.
De esos 21 distritos electorales indecisos, 15 están actualmente en manos de los republicanos y seis de los demócratas. Si los demócratas ganan cinco de esos distritos, además de los 28 considerados con alta probabilidad de ganar o con tendencia demócrata, obtendrán la mayoría en la Cámara de Representantes.
Los expertos señalan que la clave para que los demócratas ganen es la participación, que suele ser baja en estos comicios.
Posible impeachment
Si hay un tema que Trump y sus aliados convirtieron en bandera de campaña, es la amenaza de un tercer juicio político. De hecho, en un encuentro frente a legisladores republicanos, el presidente advirtió que si pierden las legislativas los demócratas encontrarán una razón para destituirlo.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson, y el Comité Nacional Republicano repiten el mensaje: un Congreso demócrata significaría investigaciones, obstrucción y cierres de gobierno.
Los demócratas, en cambio, avanzan con cautela. El líder de la bancada, Hakeem Jeffries, ha dicho que no descarta ninguna herramienta de rendición de cuentas, pero insiste en que su prioridad sería bajar el costo de la vida.
“No creo que ni los demócratas ni los republicanos cuenten con suficientes miembros, ni en el Senado ni en la Cámara de Representantes, como para anular un veto de Trump, en caso de que él decida ejercerlo ante cualquier proyecto de ley. Por tanto, una lectura más positiva sería que, al final, sí logre aprobarse alguna legislación. Supongo que, por el contrario, una visión más negativa es que lo que veremos serán numerosas investigaciones sobre las acciones de Trump, así como sobre las de su entorno y los miembros de su gabinete”, dice Candice Nelson, académica de la American University.
“No sé si harán un impeachment o no, pero si consideraran que algunas de las medidas adoptadas por el presidente fueron demasiado extremas, esa sería también una opción que podrían explorar. Sin embargo, no creo que sea una de sus principales prioridades. Me parece que, si llegaran a tomar el control del Congreso, tendrían otras cuestiones políticas que ocuparían un lugar central”, indica Hills.
Giro demócrata a la izquierda
El 23 de junio, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, socialista demócrata de 34 años, probó su poder dentro del partido. De hecho, sus aliados ganaron las primarias para la Cámara de Representantes en la ciudad de Nueva York, y candidatos de izquierda como Abdul El-Sayed en Michigan son los nominados demócratas en varias contiendas para el Senado.
Los propios demócratas afirman ser un partido liberal. Alrededor del 56% de los demócratas encuestados por The Wall Street Journal el mes pasado se autodenominaron liberales, un aumento sustancial con respecto al 40% de 2010.
Esta situación ha despertado una disputa interna en la colectividad, ya que dirigentes moderados temen que las etiquetas socialistas regalen munición a los republicanos. Mientras el partido se desplaza hacia la izquierda en distritos seguros, en los estados pendulares que necesita para ganar el Senado sigue apoyándose en candidatos moderados.
La economía
Ninguna variable pesa más que el bolsillo. Una encuesta de Focaldata para el Financial Times, realizada en mayo, mostró que un 68% reprueba la gestión del mandatario en cuanto a la economía.
La Casa Blanca responde con recortes de impuestos, desregulación y política energética, y sostiene que, una vez disipadas las disrupciones asociadas al conflicto con Irán, bajarán los precios de la gasolina y la inflación. El problema es que la inflación, cuyos datos se dieron a conocer el jueves, se disparó al 3,7% en septiembre, debido a que la guerra en Irán provocó un repunte en los precios del combustible, lo que aumentó la presión sobre los estadounidenses antes de las elecciones de mitad de mandato.
De ahí que los demócratas hayan puesto el costo de la vida en el centro de su mensaje, incluso por encima del impeachment. La pregunta que decidirá la elección es sencilla y muy antigua: si los votantes sienten que viven mejor que hace dos años. Hoy, las encuestas dicen que no.
“Este es el problema principal. Los precios y la asequibilidad constituyen el tema número uno en la política estadounidense actual. En Michigan, el precio de la gasolina supera los 4,50 dólares por galón; la gente lo ve y lo paga a diario. Prácticamente todo en el supermercado cuesta más. Esto es, en gran medida, lo que genera frustración entre los votantes; es la causa de gran parte del enojo que sienten los demócratas. Pero no son solo los demócratas: estos precios más elevados de la gasolina y los alimentos también están provocando que los votantes independientes —aquellos que oscilan entre una opción y otra— se vuelvan en contra del presidente”, concluye Hills.
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