Científicos analizan 75 años del Mediterráneo y descubren un cambio sorprendente que llega a 2.500 metros de profundidad
Un análisis de observaciones recogidas entre 1950 y 2025 revela que el Mediterráneo se está calentando y volviendo más salino a un ritmo creciente, con señales que penetran en sus aguas profundas.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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El Mediterráneo lleva décadas calentándose. Eso no es una novedad. Lo que sí resulta mucho más llamativo es que la velocidad a la que aumenta su temperatura también está creciendo y que esta señal ya no se limita a las aguas superficiales. Ha penetrado kilómetros hacia el fondo.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en Geophysical Research Letters por Elena Terzić e Ivica Vilibić, investigadores del Instituto Ruđer Bošković de Croacia. Los científicos reconstruyeron la evolución del Mediterráneo entre 1950 y 2025 combinando observaciones históricas realizadas desde barcos, mediciones regionales y los datos obtenidos durante las últimas décadas mediante flotadores Argo.
El resultado dibuja un Mediterráneo distinto al que existía durante buena parte del siglo XX. No solo es más cálido: también contiene aguas más salinas y, sobre todo, ambas transformaciones presentan una aceleración detectable en diferentes regiones y profundidades.
Los registros recientes son especialmente reveladores. Las anomalías de temperatura alcanzan aproximadamente los 2,04 °C en los primeros 100 metros, tomando como referencia el promedio de 1950-1999. Entre los 100 y 300 metros rondan los 1,13 °C y entre los 300 y 1.000 metros todavía alcanzan unos 0,62 °C. Incluso entre los 1.000 y 2.000 metros aparece una anomalía cercana a 0,21 °C.
El calor está descendiendo hacia el interior del mar
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo aparece al observar cuándo empiezan a dominar las anomalías positivas. El calentamiento persistente surge primero cerca de la superficie y posteriormente aparece a profundidades cada vez mayores. Es una especie de huella vertical que permite seguir cómo la transformación del Mediterráneo alcanza progresivamente su interior.
Los investigadores no se limitaron a calcular una tendencia lineal. Analizaron también si el propio ritmo de cambio estaba aumentando. En determinadas regiones, la aceleración térmica llega a superar 0,2 °C por década², mientras que el estudio señala máximos próximos a 0,3 °C por década². La salinidad presenta un comportamiento semejante, aunque con importantes diferencias regionales.
La distinción es importante. Una tendencia constante implicaría que el mar se calienta aproximadamente a la misma velocidad con el paso de los años. Una aceleración significa algo diferente: cada década puede añadir temperatura más deprisa que la anterior.
Los mapas elaborados por Terzić y Vilibić muestran además que el fenómeno no se distribuye uniformemente. La superficie presenta un calentamiento generalizado, pero algunas de las señales más llamativas aparecen en el Adriático y el norte del mar Jónico. A unos 1.000 metros, la aceleración continúa siendo detectable en distintas zonas.

Un Mediterráneo cada vez más cálido y salino
La temperatura es solo una parte de la historia. Al comparar el periodo 2000-2025 con 1950-1999, los científicos encontraron un desplazamiento general hacia aguas más cálidas y más salinas, incluso por debajo de la termoclina estacional.
El mar Jónico ofrece uno de los ejemplos más claros. Entre los 100 y 300 metros, las propiedades de las masas de agua muestran desplazamientos medianos de aproximadamente 1,27 °C en temperatura y 0,26 en salinidad entre ambos periodos. En la cuenca levantina, el aumento de salinidad permanece reconocible incluso alrededor de los 2.000 metros.
Temperatura y salinidad, además, ejercen efectos opuestos sobre la densidad. El calentamiento tiende a hacer el agua menos densa, mientras que una mayor concentración de sal favorece el efecto contrario. De ahí que el Mediterráneo pueda calentarse y salinizarse considerablemente sin experimentar modificaciones de densidad de la misma magnitud.
Este equilibrio resulta particularmente importante porque la densidad participa en los mecanismos que permiten que determinadas aguas superficiales se hundan y contribuyan a renovar las capas profundas.
El Adriático es una de las piezas clave
En este punto aparece uno de los protagonistas inesperados del estudio: el Adriático. Sus aguas participan en la formación de masas densas capaces de descender y extenderse posteriormente hacia otras regiones del Mediterráneo.
Los datos indican que el Adriático meridional concentra algunas de las aceleraciones más intensas. A unos 1.000 metros, el calentamiento alcanza aproximadamente 0,11 °C por década y la aceleración térmica ronda localmente los 0,23 °C por década². La aceleración de la salinidad alcanza allí aproximadamente 0,06 por década².
Esto plantea una situación especialmente interesante. Las aguas que terminan descendiendo hacia las profundidades pueden hacerlo ahora con características diferentes de las que presentaban décadas atrás: llegan más calientes y más salinas.
El fenómeno ayuda a comprender por qué una alteración originada o intensificada cerca de la superficie puede terminar dejando una señal a miles de metros. La ventilación, la advección, la mezcla y la transformación de masas de agua funcionan como vías de comunicación entre las diferentes capas del Mediterráneo, aunque los propios autores advierten de que su análisis no permite separar cuánto aporta individualmente cada mecanismo.

Un laboratorio natural para anticipar cambios oceánicos
El Mediterráneo tiene una característica que lo convierte en un escenario excepcional para estudiar estas transformaciones. Es un mar relativamente pequeño, semicerrado y muy sensible a las condiciones atmosféricas. Al mismo tiempo, posee un extraordinario historial de observaciones oceanográficas.
Precisamente por eso puede funcionar como un laboratorio natural. Procesos que en grandes océanos requieren periodos mucho más largos para manifestarse pueden resultar aquí más fáciles de detectar y seguir.
El estudio tampoco afirma que todas las incógnitas estén resueltas. Determinar qué parte de la aceleración observada procede de cambios atmosféricos y qué papel desempeñan la evaporación, las precipitaciones, los aportes fluviales o la entrada de agua atlántica por Gibraltar exigirá nuevos trabajos.
Lo que sí muestran 75 años de observaciones es que describir el Mediterráneo simplemente como un mar que “se está calentando” empieza a quedarse corto. Está cambiando desde la superficie hasta buena parte de sus profundidades y, en algunas regiones, ese cambio está ocurriendo cada vez más deprisa.
Referencias
- Observational evidence for accelerated warming and salinification propagating into the deep Mediterranean, Geophysical Research Letters (2026). DOI: 10.1029/2026GL124518
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