Borum Eshøj, el túmulo de 3.300 años que conservó los cuerpos y la ropa de tres individuos de la Edad del Bronce
Dendrocronología, ADN y textiles: así ha logrado la ciencia reconstruir la vida de una posible familia del Bronce nórdico. El túmulo de Borum Eshøj tiene la clave.
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En 1871, unos campesinos retiraban tierra de una colina cerca de Aarhus, en Jutlandia. Aquel trabajo no tenía nada de especial y, sin embargo, acabaría por transformarse en el detonante de uno de los descubrimientos más sorprendentes de la arqueología del norte de Europa. Mientras trabajaban el terreno, toparon con algo inesperado: un ataúd de roble hueco, preservado desde hacía milenios. Dentro yacía el cuerpo de una mujer, envuelto en lana, con la piel y los tejidos todavía reconocibles tras más de 3.000 años bajo tierra.
Cuatro años después, una excavación más cuidadosa identificó otros dos ataúdes en el mismo túmulo: contenían los restos de un hombre mayor y de un joven. Se supuso que los tres individuos quizá pertenecían a la misma familia, enterrada casi al mismo tiempo bajo uno de los montículos funerarios más grandes jamás construidos en la Edad del Bronce nórdica. Lo que aquel triple hallazgo ha revelado con el paso de las décadas, gracias a la dendrocronología, la genética y la arqueología textil, ha hecho de Borum Eshøj uno de los yacimientos clave para estudiar la vida, la muerte y la identidad social en la Antigüedad norteuropea.
Descubierto en 1871, el túmulo de Borum Eshøj albergaba tres cuerpos. ¿Se trataba de una familia, enterrada casi al mismo tiempo bajo uno de los montículos más grandes de la Edad del Bronce nórdica?

Un montículo que dominaba el paisaje
El túmulo se alza al noroeste de Aarhus (Dinamarca), sobre una meseta ventosa que domina el lago de Lading Sø. Aquella meseta, de unos cuatro kilómetros cuadrados, albergó en su día un cementerio inmenso: más de cuarenta túmulos levantados entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Entre todos ellos, Borum Eshøj destacaba con claridad.
En origen, medía cerca de 40 metros de diámetro y alcanzaba los 9 metros de altura, unas dimensiones que lo convertían en uno de los mayores montículos funerarios de la Jutlandia oriental. Siglos de arado y de extracción de tierra redujeron su tamaño de forma notable, aunque una parte, protegida ahora como monumento histórico, aún sigue en pie.
Construir semejante mole de tierra y turba no fue una tarea sencilla. Una serie de excavaciones recientes, realizadas entre 1988 y 2011 por arqueólogos daneses, ha demostrado que el montículo tuvo una vida constructiva mucho más larga y compleja de lo que se creía. Las piedras que delimitaban su perímetro se colocaron antes de que la estructura terminase de levantarse; el propio montículo llegó a cubrir parte de ese cerco de piedra en fases sucesivas. Este patrón acerca a Borum Eshøj a otros grandes monumentos escandinavos, como el túmulo de Hohøj, más que a los túmulos vecinos de la propia meseta.
La madera de los ataúdes procedía de árboles talados en el año 1351 a. C., un dato que apunta a un entierro simultáneo.

Tres cuerpos, tres vidas y un mismo robledal
¿Qué ha descubierto la ciencia sobre los tres individuos del enterramiento de Borum Eshøj? El análisis de los anillos de los troncos empleados para tallar los ataúdes determinó que la madera de al menos dos de los tres féretros (posiblemente los tres) procedía de árboles talados en el año 1351 a. C. Este dato sugiere, por tanto, un entierro prácticamente simultáneo.
Los cuerpos pertenecían a una mujer de entre 50 y 60 años, a un hombre de edad similar y a un joven de entre 20 y 22 años. El hombre mayor, conocido como "el viejo de Borum Eshøj", presentaba tal estado de conservación que su musculatura seguía sujetando el esqueleto cuando lo trasladaron a Copenhague para estudiarlo. En el momento de morir, tenía las uñas cuidadas y el rostro recién afeitado.
El anciano, además, descansaba sobre una piel de vaca y estaba cubierto con una manta de lana. Vestía un gorro de copa redonda, una capa, una falda corta, dos paños para los pies y un cinturón. Todas las prendas se habían confeccionado con lana. Una aguja de madera sujetaba el cuello de la capa: es el único objeto que lo acompañaba, aparte de la ropa.
De la mujer se tienen menos datos, porque su ataúd fue hallado antes de cualquier excavación arqueológica formal y sus prendas se perdieron en el proceso. Según los propios agricultores que la encontraron, también ella estaba cubierta con un gran paño tejido, una costumbre que se repite en otros enterramientos de la época.
El hombre mayor tenía las uñas cuidadas y el rostro recién afeitado en el momento de morir, hace más de 3.000 años.

Aportaciones de la ciencia contemporánea
Más de un siglo después de la excavación, la genética aportó una pieza más del rompecabezas. En 2010, un equipo de investigadores daneses logró extraer y secuenciar ADN mitocondrial a partir de un mechón de cabello del hombre mayor. El resultado lo situó dentro del haplogrupo U4, un linaje materno que en Dinamarca aparece asociado a poblaciones del Neolítico y el Bronce antiguo, y que resulta hoy extremadamente raro entre los daneses actuales.
Ese mismo estudio analizó decenas de individuos de toda la prehistoria danesa y confirmó que las comunidades de la Edad del Bronce presentaban una diversidad genética muy distinta a la actual, señal de los profundos cambios de población que vivió el norte de Europa en los milenios siguientes.
La arqueología textil, por su parte, situó las capas de Borum Eshøj entre los mejores ejemplos conocidos de indumentaria de lana de la época, comparables a las de otros enterramientos célebres como los de Muldbjerg o Trindhøj. Confirmó, además, que las prendas cumplían una función ritual, pues se utilizaban como el sudario del difunto.
De casi 85.000 túmulos levantados en la Dinamarca del Bronce, solo una veintena ha conservado cuerpos y ropa en un estado tan íntegro.
Un túmulo que nos conecta con el pasado
Se calcula que en la Dinamarca de la primera Edad del Bronce se levantaron unos 85.000 túmulos funerarios. De todos ellos, apenas una veintena han conservado ataúdes de roble con cuerpos, ropa y objetos en un estado tan íntegro. Esa rareza estadística es lo que convierte a Borum Eshøj en una fuente de información única para explorar aspectos de la vida cotidiana, el tratamiento funerario y la genética de las poblaciones de la Edad del Bronce nórdica.
Referencias
- "The family in Borum Eshøj", "A small family?" y "The old man from Borum Eshøj". National Museum of Denmark. URL: https://en.natmus.dk/historical-knowledge/denmark/prehistoric-period-until-1050-ad/the-bronze-age/the-family-from-borum-eshoej/
- Bergerbrant, S., Fossøy, S. H. y Jørgensen, L. B. 2012. "Ginderup – Textiles and Dress from the Bronze Age Gleaned from an Excavation Photograph". Archaeological Textiles Review, 54: 14-18. DOI: https://doi.org/10.7146/atr.54.167184
- Frost, L., Løvschal, M., Rasmussen Lindegaard, M., y Holst, M. K. 2017. "Borum Eshøj Revisited: Bronze Age monumental burial traditions in eastern Jutland, Denmark". Danish Journal of Archaeology, 6: 31-49. DOI: https://doi.org/10.1080/21662282.2017.1370835
- Melchior, L., Lynnerup, N., Siegismund, H. R., Kivisild, T., y Dissing, J. 2010. "Genetic Diversity among Ancient Nordic Populations". PLoS ONE, 5(7), e11898. URL: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0011898
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