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Wednesday, October 28, 2026

Veterinario, Pancho Cavero explica: “Cuando tu perro te da mordiscos suaves, no quiere hacerte daño, sino es una forma de comunicación desde sus primeros días de vida”

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Quienes comparten su hogar con un perro seguramente han sentido alguna vez esos pequeños mordiscos que apenas rozan la piel y no provocan dolor. Suelen aparecer durante una sesión de caricias, en medio de un juego o cuando la mascota busca captar la atención de su dueño. Aunque este gesto puede confundirse con una señal de agresividad, detrás de él puede esconderse una forma particular de comunicación.

El veterinario Pancho Cavero abordó este comportamiento en una publicación de Instagram y explicó que las mordidas suaves no necesariamente expresan deseos de hacer daño. “Cuando tu perro te da esos mordisquitos no es porque quiera hacerte daño, en realidad te está hablando”, señaló el especialista. Según su explicación, esta conducta está vinculada con las primeras etapas de vida del animal y forma parte de las maneras en que puede expresar sus necesidades e interactuar con quienes lo rodean.

De acuerdo con el veterinario Pancho Cavero, los perros comienzan a explorar el mundo a través de la boca desde sus primeros días de vida. Durante la etapa de cachorro, el contacto físico, los pequeños mordiscos y el acicalamiento forman parte de las interacciones con sus hermanos de camada. Estas experiencias tempranas contribuyen a fortalecer los vínculos y desarrollar sus formas de comunicación con otros animales.

Al llegar a la adultez, algunas de estas conductas se mantienen y adquieren nuevos significados en la convivencia con las personas. Así, un mordisco delicado puede ser una muestra de cariño, una invitación al juego o un intento de captar la atención de su dueño. En otras ocasiones, este comportamiento aparece cuando el animal está especialmente emocionado y busca interactuar con quienes reconoce como parte de su entorno cercano.

La Nebraska Humane Society señala que los mordiscos de los perros jóvenes forman parte de sus primeras experiencias de socialización. Durante los juegos con otros cachorros, utilizan la boca para explorar e interactuar, mientras desarrollan progresivamente la capacidad de regular la presión de su mandíbula. Estas situaciones cotidianas se convierten en oportunidades para aprender a relacionarse y establecer límites durante el contacto físico.

En medio de esas interacciones, los pequeños también descubren que la intensidad de una mordida puede cambiar el rumbo del juego. Cuando uno aprieta demasiado fuerte, su compañero puede emitir un quejido o alejarse, dejando claro que ha cruzado un límite. De esta manera, el cachorro recibe señales que le ayudan a moderar su comportamiento y a controlar la fuerza que emplea al jugar con otros perros.

La dificultad surge cuando el cachorro lleva sus mordiscos hasta las manos de las personas, una conducta que debe corregirse con paciencia y orientación adecuada. Los especialistas aconsejan ofrecerle juguetes apropiados y evitar que los dedos se conviertan en objetos de entretenimiento. Si el animal muerde durante el juego, detener la interacción y retirar la atención puede enseñarle que esa acción pone fin a la diversión.

Para lograrlo, todos los integrantes de la familia deben actuar de manera coherente y evitar los castigos físicos, que pueden despertar miedo, ansiedad o aumentar la excitación del perro. En esa misma línea, el veterinario y especialista en comportamiento Jaume Fatjó advierte que el castigo no es una herramienta adecuada para educarlo y puede perjudicar el vínculo familiar. Por su parte, la veterinaria y etóloga Rosana Álvarez defiende la importancia de identificar el origen de cada conducta y comprender las emociones que la provocan, en lugar de limitarse a sancionar aquello que incomoda.

El veterinario Pancho Cavero recalca que el entorno y las circunstancias son esenciales para comprender el significado de los pequeños mordiscos de un perro. Cuando el animal mantiene una postura relajada, mueve el cuerpo con naturalidad y no muestra señales de incomodidad, este contacto puede formar parte de su manera habitual de interactuar. Sin embargo, interpretar correctamente sus gestos requiere observar más allá de la mordida.

La situación merece mayor atención cuando aparecen señales como rigidez corporal, tensión o indicios de malestar, pues podrían revelar que el animal no se siente cómodo. Ante estas reacciones, es importante identificar qué ocurre a su alrededor y buscar orientación profesional si persisten las dudas. Comprender el lenguaje corporal canino permite diferenciar el juego de una interacción brusca y educar al perro mediante alternativas adecuadas, en lugar de limitarse a prohibir una conducta sin enseñarle cómo actuar.

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