Jessica Chastain, actriz: "Honestamente, no soporto ver películas en las que los seres humanos disfrutan con las desgracias de otras personas"

- Daisy Edgar-Jones, actriz de 'Sentido y sensibilidad': "No siempre consigues sentirte orgullosa de la película terminada. Cuando sucede, es un regalo"
- Luis Zahera, sobre el auge de los ultras radicales: "Son gente que tiene miedo: miedo al extranjero, miedo a que se rompa la patria..."
- Hirokazu Koreeda, director de cine: "Por curiosidad, pregunté a ChatGPT qué le parecía el guion de mi película. No me aportó demasiado"
Al pensar en Jessica Chastain (Sacramento, EE. UU., 1977), lo primero que se nos viene a la cabeza son sus éxitos más comerciales, con especial atención a ’Interstellar’ (2014). Puede que a continuación recordemos sus trabajos más premiados, con films como ’Criadas y señoras’ (2011), ’La noche más oscura (Zero Dark Thirty)’ (2012) y ’Los ojos de Tammy Faye’ (2021), por la que ganó merecidamente el Oscar a Mejor Actriz. Pero, curiosamente, su nombre y su rostro no están tan asociados como debieran al cine de terror, a pesar de haber protagonizado películas como ’Mamá’ (2013), ’La cumbre escarlata’ (2015) e ’It. Capítulo 2’ (2019). Experta ya en el género, la actriz se adentra ahora en el universo de Rob Savage, autor de una de las películas más terroríficas de la historia según la ciencia (’Host’, 2020), con ’La otra madre’, que transforma la maternidad en una inquietante pesadilla. Chastain interpreta a Ursula, la madre de Bela, una niña de 8 años, pero también a ’la otra mamá’, una entidad sobrenatural que intenta ocupar su lugar en su propio hogar.
La película comienza de la misma manera que el libro de Josh Malerman en el que se basa, ’Hay algo malo en casa’, con dos padres acostando a su hija. La luz se apaga, y la pequeña dice: “Buenas noches, mami. Buenas noches, papi.” Los padres se van, y entonces la niña susurra en la oscuridad: “Buenas noches, otra mami”. Pelos de punta. Y esto es solo el aperitivo.

Qué miedo
El terror es un género que conoce muy bien. ¿Qué es lo que más la atrae de trabajar en este tipo de películas?
Me gusta el componente de cuento de hadas, las criaturas y los espíritus. Poder adentrarme de verdad en los mitos. Pero, independientemente del género, también los personajes complejos, que es algo que está muy presente en todas las películas de terror que he hecho, y esta no es una excepción. En este caso, lo que me interesa es la visión subversiva de la maternidad, su lado oscuro. Tradicionalmente, en las películas de terror las madres suelen ser quienes protegen a sus hijos del monstruo. Aquí, el monstruo adopta precisamente la imagen de la madre. Lo que más me atrae es interpretar a personajes increíblemente tenebrosos y salvajes.
¿Qué era lo que más miedo le daba cuando era niña?
De pequeña tenía terrores nocturnos. Me despertaba siempre en mitad de la noche, y rápidamente me metía debajo de las sábanas aterrorizada. Desde entonces he descubierto que el cuerpo, cuando se sobrecalienta, provoca pesadillas para alertarte, y por eso te despiertas sudando. Así que eso era lo que me pasaba de niña: me asustaba, me tapaba la cabeza con las sábanas y, sin querer, me provocaba pesadillas porque no paraba de acalorarme. Ahora duermo en una habitación muy fría, así que estoy bien (ríe).
¿Y ahora? ¿Qué le quita el sueño?
Creo que… los seres humanos. Los monstruos más aterradores son las personas, y lo que algunas son capaces de hacer. En el cine, esas son las películas de terror que más me cuesta ver. Por ejemplo, ’Funny Games’ (1997), de Haneke. Honestamente, no soporto ver películas en las que los seres humanos disfrutan con las desgracias de otras personas.
¿Se pasa miedo rodando una película de terror?
Es curioso, pero nunca he llegado a asustarme de verdad en ninguna de las películas de terror que he hecho. Hay muchísimos miembros del equipo alrededor, todo está muy controlado. Me acuerdo de una ocasión, rodando ’It. Capítulo 2’, en la que le pedí a Andy Muschietti que me pusiera un pinganillo y reprodujera música aterradora en mis oídos para intentar crear esa energía. Pero, en general, es difícil pasar miedo en un set de rodaje con tanta gente.
‘La otra madre’ no es una película para ver con niños, está claro, pero… ¿a quién cree que asustará más? ¿A padres o a hijos?
Mira, el otro día, un conocido me contactó después de ver mi película, y me dijo que, cuando se metió en la cama con su mujer, la miró de otra manera. Como si pensara: “¿De verdad es mi mujer?” Así que sí, creo que es una película que dará mucho miedo a los padres. Aunque también creo que puede ser para niños más mayores, pero desde luego no es una película para ver con tus hijos.
Doble o nada
Al interpretar a dos personajes, siempre hay que buscar pequeños matices que identifiquen a cada uno. ¿Qué fue lo primero que decidió sobre la otra madre? ¿Su voz, su sonrisa…?
Probablemente la sonrisa, porque, a su manera, intenta parecer cercana y amable con Bela. Quiere que ‘su hija’ se sienta segura con ella. Pero después, pensé: Este no es su cuerpo, está adoptando otra forma, así que seguramente esté en tensión. Quizá le duele. Puede que convertirse en Ursula sea una tortura. Por eso, cuando se ríe, le caen lágrimas por la mejilla. Es como si no supiera muy bien qué hacer con ese cuerpo humano. Sus movimientos fueron muy marcados por Rob.

La otra madre tiene una forma muy característica de moverse. ¿Qué importancia tuvieron en su interpretación las prótesis, los efectos visuales y las dobles de acción?
Intenté hacer todo por mí misma, pero a veces cogían mi cara y la ponían, digitalmente, en otro cuerpo. Nunca llevé prótesis. Hay una escena concreta en la que Bela se sienta en mi regazo, yo hablo con ella y me enrosco a su alrededor. Ensayamos la escena y la interpretamos. Después, se volvió a rodar con una especialista que tenía unos brazos larguísimos, y luego volví yo e intenté repetir sus movimientos. En casos como ese, fue una combinación de ambas, pero hay planos míos que luego volví a ver en la sala de montaje y no me los creía. ¿Esa soy yo? Le preguntaba a Rob. Nueve de cada diez veces, la respuesta era sí.
¿Cómo se construye la confianza con una intérprete tan joven, Arabella Olivia Clark (10 años), cuando su personaje tiene que ser a la vez la persona con la que más segura se siente y la presencia que más miedo le da?
La verdad es que nos divertimos mucho juntas. Incluso en las escenas de terror. Ella tenía muy claro lo que debía hacer: cómo acelerar la respiración, cómo colocarse… Aprendió muy rápido esas posturas básicas que funcionan tan bien para transmitir miedo. Pero entre escena y escena era simplemente una niña. No era una pequeña actriz de método. Así que pudimos jugar mucho, algo que creo que es importante cuando hay niños en un rodaje.
La familia empieza a resquebrajarse antes de que la amenaza sobrenatural se apodere por completo de la situación. ¿Abordó la película como una historia de terror o como un drama familiar?
Para que sea creíble, me tengo que tomar siempre todo muy en serio, como si estuviera ocurriendo de verdad. Así que nunca pienso en una película de terror como si todo fuera imaginario o falso. Intento pensar: “¿Qué haría este personaje de manera sincera en esta situación? ¿Qué haría yo?” Si yo no me creo lo que está pasando, tampoco se lo va a creer el espectador. Intento interpretar todo con esa seriedad, comprendiendo que es una película de terror y un drama familiar al mismo tiempo. No son dos cosas distintas.

NO ES UN PADRINO CUALQUIERA
“Probablemente sea la persona que más ha influido en mi carrera”, confiesa Jessica Chastain cuando le preguntamos por Al Pacino. El actor de ’El precio del poder’ la conoció en 2006 cuando preparaba su adaptación teatral de ’Salomé’, la obra de Oscar Wilde, y quedó tan maravillado con sus dotes interpretativas que le dio el papel protagonista junto a él (y bajo la dirección de Estelle Parsons), a pesar de que la actriz todavía no era un rostro conocido en la industria. Chastain ha reconocido varias veces que Pacino fue su ’profesor’, y que tuvo un rol decisivo en su formación ante la cámara. “Está siempre dispuesto a mostrarte su parte más oscura, su tristeza y su vergüenza. Y eso no es algo habitual en actores masculinos, que siempre quieren parecer seguros y duros. Para mí es lo más emocionante, me parece un regalo y un acto de confianza. Lo quiero como persona y como artista.” El año que viene estrenarán juntos una nueva adaptación cinematográfica de ’El rey Lear’ de Shakespeare.
Tras el cristal
El director Rob Savage ha dicho que la película tendrá más de 50 sustos, y que recorrerá todos los elementos clave del cine de terror. ¿Cómo fue trabajar con alguien tan metido en el género?
Maravilloso. Tiene un conocimiento increíble de la historia del cine, y durante los descansos hablábamos de las películas que nos gustaban. Pero no es fácil dirigir una película protagonizada por una niña y contada desde su punto de vista, especialmente cuando tienes que respetar los horarios de trabajo de los menores. Tuvo que enfrentarse a muchísimos obstáculos, y fue toda una hazaña verle conseguir lo que consiguió. Además, tiene una gran sensibilidad visual. Crea imágenes preciosas, pero también está muy centrado en los personajes y dispuesto a colaborar para hacerlos más profundos y ricos.
Ha trabajado con varios de los directores más destacados de las últimas décadas. Más allá de sus películas, ¿qué rasgos personales o detalles menos conocidos destacaría de cada uno?
De Andy Muschietti, por ejemplo, apuntaría que es un músico increíble y un bailarín de lindy hop todavía mejor. Guillermo del Toro, por ejemplo, nunca duerme y se ríe tontamente cuando se asusta. Ridley Scott también tiene una faceta que me gusta mucho: es un profesor magnífico. Recuerdo rodar ’Marte (The Martian)’ y él estaba en una tienda de campaña con unas pantallas enormes y televisores en 3D. Yo entraba con parte del reparto y nos enseñaba cosas. Aprendí muchísimo sobre cine gracias a él. A Kathryn Bigelow le encantan los caballos, además de ser una artista increíble. Y hay algo que casi nadie sabe sobre Terrence Malick: su película favorita es ’Zoolander (Un descerebrado de moda)’. Le hace reír muchísimo. ¡Ah! Y, además, le encanta la música sacra. Y luego está Chris. Christopher Nolan. Lo ha dicho muchas veces, pero su familia está muy presente en todo lo que hace. Literalmente, no existiría un Christopher Nolan sin Emma Thomas, su mujer. Es precioso ver su relación profesional y la forma en que él la respeta. Fue algo que me conmovió mucho cuando lo conocí.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.