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Thursday, October 8, 2026

Basta de zoológicos

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Qué bueno que están cerrando los zoológicos del mundo entero. Nunca entendí, ni siquiera cuando era chica, por qué pagar una entrada para ver así a los animales: monos encerrados, leones encerrados, ballenas encerradas, cebras encerradas, hipopótamos encerrados, jirafas encerradas. Es cruel tenerlos en jaulas o en espacios pequeños para que las personas se acerquen y los conozcan y les tiren pedazos de comida por diversión. No está bien.

La vida nueva debe ser así, sin zoológicos. Y si la gente quiere saber lo que es una pantera, bueno, que vea documentales en la televisión. Y si los niños deben aprender lo que es un cocodrilo australiano, bueno, que las escuelas enseñen biología con pantallas. Esto es un elefante, mide siete metros, pesa cinco mil kilos, vive en África y come hierbas, pasto, hojas, ramas, cortezas, raíces. Y si no se pueden imaginar lo que es un mastodonte de toneladas, bueno, que lo dibujen en una pared. Y si pierden la capacidad de reconocerlos a unos metros porque nunca los vieron cerca y bueno, así será.

Así es con tanto ya. Muchas cosas ahora tienen una pantalla de por medio y las seguimos llamando con el mismo nombre. Ya no las podemos tocar, pero las nombramos igual. Llamamos compañeros de trabajo a los cuadrados con cara y nombre y apellido que aparecen en la computadora en una sesión por Zoom, pero ¿podríamos reconocer a esa persona en la calle? ¿Si la vemos comprando espinaca y choclos en la verdulería? ¿Tendríamos la certeza? Llamamos sesión de terapia a lo que ocurre quizá una vez a la semana por teléfono, pero ¿sabemos qué expresión tiene la voz del otro lado? ¿Cuánto mide, cuánto pesa, su ritmo al caminar? ¿Si sonríe, se arruga? ¿Si estamos en una sala de espera a dos sillas de esa terapeuta podríamos decir que es ella? Llamamos hacer las compras en el supermercado al hecho de sentarnos frente a una computadora y elegir según los dibujos bananas, sachets de leche, paquetes de fideos, botellas de jugo. ¿Sabrán en unos años quienes nacieron en 2024 lo que es un changuito? ¿Cómo empujarlo y acomodar las rueditas para que avance? ¿Para qué sirve? Decimos que compramos ropa, un jean, un abrigo, una remera, cuando entramos a una aplicación desde el celular y tocamos la foto de una modelo con tal prenda y luego elegimos el talle y ponemos pagar con los números de la tarjeta de crédito, pero ¿vamos a reconocer esa marca el día en que veamos un local mientras caminamos por la calle? ¿Aún existirán? Tenemos clases de pilates y tiramos una pequeña alfombra sobre el piso del living y copiamos los movimientos que hace otra persona en el televisor, en un canal de YouTube. Cursamos una maestría y nos llegan consignas por mail una vez a la semana y otra vez al mes rendimos un examen online y los profesores lo corrigen de la misma forma. Llamamos vida a lo que pasa desde el sillón de casa. Ahí, como en cautiverio. Y bueno, así será. Cerrarán las oficinas y cerrarán las escuelas y cerrarán los shoppings y cerrarán los restaurantes y cerrarán los cines y cerrarán los museos y cerrarán los jardines de infantes y cerrarán los cafecitos y cerrarán los mercados y cerrarán las plazas y cerrarán las farmacias y cerrarán las universidades y cerrarán los viveros y cerrarán los consultorios y cerrarán los gimnasios.

Hace unas semanas un diario español publicó una nota que contaba que cada vez más personas, asustadas, llaman a la policía para denunciar que vieron animales inmensos y salvajes sueltos en las calles de sus barrios. Pero que luego del despliegue de un operativo –patrulleros, especialistas, hasta helicópteros– las autoridades confirman que no, que no era un león era un perro, que no, que no era un cocodrilo era una nutria. Yo insisto: qué bueno que ya casi no quedan zoológicos en ninguna parte. Qué peligro lo demás.

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