Maribel Verdú, actriz: "Los team building de las empresas no sirven para nada. Al contrario, sirven para generar odios, inquina y rencillas"

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Gracias, equipo’, del director argentino Diego Núñez Irigoyen, llega a la plataforma de streaming para hablar, desde la comedia negra, sobre las dinámicas de empresa, principalmente de los ‘team building’ que se han puesto tan de moda en los últimos años. La película está escrita por la dupla de guionistas Cristóbal Garrido y Adolfo Valor (‘Reyes de la noche’, ‘La vida breve’, ‘Lo dejo cuando quiera’) y han dejado su seña de identidad mezclando hábilmente la comedia y el drama en el entorno laboral más normal del mundo: una oficina.

Vivir para trabajar
Pepa (Maribel Verdú) es la jefa de la división española de Tío Mochales, una empresa de quesos que intenta recuperarse tras perder esplendor como líder del sector. Para ello, la dirección de la compañía planea un ‘team building’ que se presenta como un regalo envenenado: quien pierda en las pruebas, podría ser despedido. “Vamos a dejar de ser empleados y a ser personas”, dice Pepa para presentar el ‘team building’ al equipo. Preguntamos a la propia Maribel Verdú y a Alexandra Jiménez (Olga) sobre si algunas personas son realmente su trabajo: “Ella solo quiere que sean empleados y que en sus casas sigan siendo empleados a poder ser”, apunta Maribel Verdú.
“Es la cultura de la hiperproductividad total”, continúa Alexandra Jiménez. “El personaje de Pepa cree en eso. Cree que hay que vivir para trabajar y el que no entiende ese concepto es un mierda. Hay algo de: “Si tú de verdad quieres ser una persona productiva, si quieres llegar a ser lo que yo soy”… Desde esa condescendencia y ese estado como paternalista de: “Ven, que te voy a decir el secreto de la vida”, “tú no sabes realmente lo que yo he hecho para estar aquí, y lo que yo he hecho para estar aquí es vivir por y para mi trabajo’”.

Explorando el mundo de la oficina
La temática de la película es curiosa para un grupo de actores que, desde un sector tremendamente dinámico, jamás ha vivido y respirado la filosofía de una empresa y su día a día. “Nuestra profesión es conocer todos los mundos y, afortunadamente, gracias a ella, podemos empatizar y podemos conocer algunos que no tienen nada que ver con el nuestro, como en este caso”, afirma Maribel Verdú. “Hablamos siempre con la gente que hace otras cosas y cogemos información, y empatizamos o no, y es una manera de vivir muchas vidas, pero siendo actrices, teniendo solo una profesión”.
Pedro Casablanc interpreta a uno de esos empleados de la vieja escuela que debe sufrir las consecuencias de toda una vida trabajando en una empresa común: “Nuestro trabajo no tienen nada que ver con ese y es mucho más lúdico y envidiable. Cuando te proyectas, intentas ver lo que hay ahí, dentro de ese otro mundo al que nosotros no accedemos nada más que a la hora de ir al banco o a cobrar. Proyectas todas esas ideas negativas que tienes sobre eso y te salen los personajes mucho más jugosos”. Raúl Tejón (‘Machos Alfa’) también forma parte de esta compañía ficticia: “Las referencias son claras. Estamos rodeados de gente que tiene trabajos comunes y que van a la oficina y que se comen 40 minutos de atasco todos los días. Quiero decir que también forma parte de nuestra vida. Aunque no lo vivamos, lo tenemos cerca. Entonces, más o menos te puedes imaginar”. “La gran mayoría trabaja así, ya sea en los centros comerciales, o en una pequeña oficina o un periódico”, observa Casablanc, que se pone en la piel de los trabajadores de oficina. “Nuestro trabajo es itinerante. Al mismo tiempo, es eventual. No trabajamos todos los días. Es discontinuo. Muy variado respecto a los compañeros. Entonces, no tiene nada que ver. Y los que tienen este trabajo reglado, que nos enseñan desde el colegio, que tiene que ser así, en el momento en el que tú te apartas de la norma, porque decides o tienes tu vocación actoral, ves las cosas desde otra perspectiva y luego asumes que los que están en la norma no te comprendan”.

El team building: ¿solución o drama?
El ‘team building’, una actividad reciente en las empresas con la intención de hacer equipo, vertebra la película. “Los team building de las empresas no sirven para nada”, coinciden Maribel Verdú y Alexandra Jiménez. “Al contrario, sirven para generar odios, inquina y rencillas”, insiste Verdú. “Y relaciones más superficiales si cabe”, apostilla Jiménez. “Nuestros ‘team building’ son los rodajes”, sigue Verdú. “Nos tiramos seis meses en una serie en Bilbao, Pamplona o Canarias, o de repente en una película seis semanas en el Pirineo catalán, como ha sido esta. Y tenemos una convivencia. Pero es que es tan diferente. Es una convivencia real, no es de un fin de semana”.
Pedro Casablanc, por su parte, se sentía muy alejado del término ‘team building’: “Yo antes de esa película no había oído esa palabra en mi vida”. Raúl Tejón es más crítico y contundente: “El ‘team building’ es el nuevo sistema americano para hacerte creer que formas parte de algo más importante que tú, que es la manera de poder exprimirte lo máximo. Es filosofía americana pura y dura, neoliberal: ‘Te hago creer que lo importante es la persona y la persona dentro de esa familia, porque si yo te tengo convencido de eso, me debes lealtad. Y al deberme lealtad me debes otras muchas cosas: horarios mayores, obediencia…’. Pues ahí la has cagado, chato”.

¿Competitividad en el cine?
Los ‘team building’ también sirven para mostrar la verdadera personalidad de los personajes, sobre todo en términos de ambición laboral y supervivencia. A veces son un reflejo de muchas empresas, e incluso puede ser premiada por los altos cargos. Preguntamos si en el mundo del cine ocurre algo similar. “Los rodajes no son competitividad, es compañerismo, escucharnos, reírnos…”, cuenta Maribel Verdú. “Porque tenemos que sacar adelante lo mismo”, cuenta Alexandra Jiménez. “Tenemos una tarde para prepararnos tal escena. Entonces estamos todos remando a favor porque tenemos que llegar al mismo sitio. Es una convivencia real y creo que bastante sana”. “No es que seamos exagerados”, explica Maribel Verdú. “‘Es que los actores cómo son’, se suele decir. Pero es que realmente nos amamos. Cuando estamos trabajando casi siempre nos llevamos todos increíble. Hay un compañerismo real, y hay generosidad, y hay empatía, y hay trabajo de verdad, de equipo, de mirarte a los ojos. Luego hay algunos que trabajan solos y que son como los ‘outsiders’, pero hay de todo. Pero esto no va de trabajar a tu bola. Esto va de equipo, esto va de compañerismo y eso es lo que se crea en los rodajes. Por eso siempre es como ‘es que se ven y se abrazan y se quieren’. Es que es así, es real, es que hemos convivido mucho juntos y creamos pequeñas familias. Yo tengo mogollón de familias aparte de mi familia real: tengo mis familias de cada equipo. Son familias. Se establecen relaciones en general sanas y bonitas. Siempre hay por lo menos dos personas, en mi caso, que me llevo en cada rodaje, que sé que van a estar siempre en mi vida”. “Es muy intenso lo que vivimos”, remata Jiménez.

Muchos piensas que esta competitividad, si no ocurre en el día a día, podría darse en los castings. Pero los actores lo tienen claro: “Yo no lo considero como luchar o como competir”, afirma Blanca Martínez, la actriz que encarna a la directora de Recursos Humanos en ‘Gracias, equipo’. “Me presento a muchos castings que, por el mismo perfil, se presenta una buena amiga y yo no lo tomo así, lo tomo como: ‘Qué guay que te lo hayan dado a ti’. Y si me toca a mí, pues me ha tocado a mí”. “No hay competencia”, insiste Raúl Tejón. “Quiero decir: ‘Si a ti te va bien, a mí me va a ir bien’. Esto no es un sistema malthusiano donde la suma es cero. Realmente en esta profesión no hay recursos finitos. Que tú no seas elegido en un momento y sea elegido un amigo no es competencia. Si también has tenido la oportunidad de estar en otras partes de la profesión, te das cuenta de lo difícil que es todo: desde que se tiene una idea, desde que se levanta, desde que se empieza a elegir un casting, que luego el casting pueda cuadrar, que luego tú quieras una actriz y la actriz pueda o no pueda o quiera o no quiera, y en función de esa actriz tengas que cambiar a otra parte del casting. Es que no es competencia. No es personal”, explica Raúl Tejón. “Yo creo que esto lo deben oír los actores jóvenes que sí que sufren eso porque piensan que esto es competición”, añade Pedro Casablanc. “Eso de ‘si te lo dan a ti, yo me quedo fuera’… Es verdad que tú te quedas fuera, pero la veteranía es un grado, la experiencia también, y aprendemos a ver las cosas con una cierta distancia y con una cierta tranquilidad en ese sentido”.

Mujeres empoderadas con grietas
Los personajes de Maribel Verdú y Alexandra Jiménez son las dos mujeres que manejan la trama: la primera, como alta directiva, y la segunda, ostentando un puesto importante y candidata a subir de rango. Pero ambas tienen sus problemas: la presión de gobernar un grupo en el caso de Pepa; para Olga, las complicaciones y la falta de conciliación tras su baja por maternidad. Ambas actrices tuvieron que trabajar sus personajes en un tono tan ambivalente como la comedia negra. “Nos dejamos llevar por el director”, cuenta Maribel Verdú. “Es un loquito apasionado, que tiene una manera de rodar absolutamente peculiar, que jamás lo habíamos experimentado. Y hemos hecho equipo realmente. Decir: ‘Aquí tenemos que estar todo hablando el mismo idioma’. Dejándonos llevar un poco”. “El guion estaba claramente definido, cada personaje estaba muy bien estructurado y las personalidades de ambas estaban clarísimas”, explica Alexandra Jiménez.
“La manera de dirigir de Diego es coger todo eso y desbarajustarlo. Y lo que busca es ir al encuentro del caos. Y cuando ve que ya nos hemos acomodado, y ya sabemos por dónde tenemos que tirar, lo cambia completamente. Lo que dices tú lo va a decir ella. ‘Ahora tú aquí rompe a llorar y en la siguiente toma lo que te va a dar es la risa’. Te lanza una cantidad de directrices en segundos, que lo que tienes que tener es una elasticidad para poder incorporar todo eso en cuestión de segundos y que no te dé un ataque de pánico (risas)”. “¿Te acuerdas la escena que tenemos en la montaña que te digo: ‘Mira, ahí están las hormiguitas’?”, pregunta Verdú a Jiménez. “Me la hizo hacer en plan dramático, pero dramático de llorar, luego en plan superchunga, luego mezclas con una cosa de la otra… Al final se quedó la chunga. Y mientras iba haciendo más frío y más frío y más frío…”. “Esa era mi escena favorita de la película”, confiesa Alexandra Jiménez. “Y me hubiera gustado que por montaje hubieran dejado todo lo que se rodó, porque, además, era mucho más larga. Y conoces muy bien al personaje de Pepa”.
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