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Wednesday, October 21, 2026

El delantero del futuro sacude Italia

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El lunes por la noche, frente al Cagliari, Gustavo Varela volvió a dar una exhibición. Dos goles, una asistencia y el reconocimiento al mejor jugador del partido en la goleada del Monza (4-0). Su segundo premio de 'Player of the Match' y el tercer doblete de una temporada que está cogiendo volumen, por nivel de juego y por cifras. Antes habían caído dos tantos ante el Avellino, en la Coppa Italia, y otros dos contra el Sassuolo, en la Serie A. Nueve goles en total, seis en el campeonato más otro con la Sub-21 de Portugal. A estas alturas, ya se puede decir que es algo más que racha aislada. Gustavo Varela (generación 2005) está llamando la atención y su nombre aparece subrayado en la agenda de los grandes, también de la selección mayor de Portugal que dirige Jorge Jesus.

La actuación ante el Cagliari ha terminado de amplificar un fenómeno que llevaba semanas creciendo desde Italia para Portugal y desde ahí para el resto del mundo. Varela marca, decide partidos y, sobre todo, transmite la sensación de que puede hacerlo de muchas maneras. No es el típico delantero que necesita vivir dentro del área para tener impacto. Puede fijar centrales, recibir de espaldas, girarse bajo presión, atacar el espacio a la espalda de la defensa, imponerse por arriba o resolver un mano a mano con la tranquilidad de un atacante que conoce el desenlace antes que nadie. También amenaza desde media distancia. Su repertorio crece al mismo ritmo que su confianza.

Estreno goleador en Serie A en San Siro

La puesta de largo había llegado mucho antes, en San Siro. En la primera jornada de la Serie A, el Monza perdió 4-1 ante el Inter, pero Varela dejó una imagen difícil de olvidar. En el minuto 29 recibió de Mathis Mout, se giró ante Manuel Akanji y cruzó un disparo con la derecha hasta la esquina. Fue su primer gol en la máxima categoría italiana y el tercero en dos partidos oficiales con el Monza, después de su doblete copero al Avellino. El marcador final no cambió el diagnóstico: aquel delantero tenía recursos para competir a otro nivel. También rozó un segundo gol de cabeza antes del descanso. No había sido solo una buena definición, había sido su energía.

Doblete al Sassuolo

A mediados de septiembre, el doblete al Sassuolo convirtió aquella impresión en resultados. El primero llegó de cabeza, tras un saque de esquina; el segundo, desde el punto de penalti. El Monza ganó 2-1 y consiguió su primera victoria liguera de la temporada. Varela no solo había empezado a marcar: estaba decidiendo. El pasado lunes, ante el Cagliari, volvió a hacerlo. En un equipo que necesita goles para sostenerse en la categoría, el portugués se ha convertido en una respuesta inmediata.

Un '9' distinto para Juric

Hay un detalle táctico que ayuda a explicar su impacto. En el Gil Vicente, Varela se movía con frecuencia como segundo punta, no tanto como referencia o rematador puro, participando en la conexión entre el centro del campo y el ataque. En el Monza de Ivan Juric, su papel se ha acercado al de un nueve más reconocible: fija a los centrales, ofrece una referencia para el juego directo y permite que el equipo articule sus ataques alrededor de su presencia.

La diferencia no consiste en que haya dejado de moverse, sino en que ahora sus movimientos tienen una consecuencia más directa sobre la base de la defensiva rival. Cuando baja a recibir, obliga a un central a decidir si lo sigue y abre espacios a su espalda. Cuando permanece arriba, amenaza la profundidad. Cuando el balón llega a banda, tiene el cuerpo y el instinto para atacar el centro. No necesita participar en todas las jugadas para condicionar el partido.

Gustavo Varela celebra uno de sus goles.
Gustavo Varela celebra uno de sus goles.AC Monza

Su actuación contra el Cagliari fue una buena síntesis de ese perfil: marcó dos goles y asistió en otro. La variedad de sus intervenciones importa tanto como la cifra final. Varela puede terminar una jugada, pero también ayudar a construirla. No es únicamente un rematador al que alimentar; empieza a ser el punto de referencia sobre el que el Monza organiza su ataque.

Esa versatilidad explica que sus números hayan llamado la atención con tanta rapidez. En seis jornadas ligueras disputadas hasta el encuentro contra el Cagliari, ya sumaba cuatro goles en la Serie A. Si se añade su doblete en la Coppa Italia, alcanza los ocho tantos oficiales. Tres dobletes, tres escenarios distintos y una regularidad que contrasta con la etiqueta de futbolista en formación con la que llegó desde Portugal.

De Barcelos a la Serie A

Para entender la dimensión del salto hay que volver a la temporada anterior, a Barcelos. Su cesión desde el Benfica debía servirle para ganar experiencia y encontrar continuidad en la máxima categoría portuguesa.

La oportunidad tardó en adquirir la dimensión que necesitaba. En un primer momento, el joven delantero debía competir por minutos con Pablo Felipe, la referencia ofensiva del equipo. La marcha de este último al West Ham en enero abrió un espacio que Varela supo aprovechar. Dejó de ser una alternativa para asumir un papel protagonista en uno de los equipos revelación del campeonato.

El Gil Vicente terminó sexto. Varela cerró su etapa en Barcelos con siete goles y tres asistencias, cifras que reflejaban una progresión real, aunque todavía lejos del volumen goleador que está mostrando ahora en Italia. Su temporada portuguesa no fue una explosión estadística, sino una puesta a punto: aprendió a convivir con defensas profesionales, a encontrar soluciones con menos tiempo y espacio y a responder cuando el equipo empezó a necesitarlo.

El Monza vio en él algo más que un delantero joven con margen de crecimiento. Apostó por incorporarlo en propiedad desde el Benfica y le dio un escenario en el que sus cualidades podían adquirir otra dimensión. El Monza batió la competencia de clubes en Bundesliga, Ligue 1 francesa y Serie A, como Venezia o Parma. Con 'nueves' como Vangelis Pavlidis o Jhon Durán, el Benfica apostó por abrirle la puerta, rodarlo en un campeonato de prestigio donde potenciar su valor y hacer caja: ingresó una cifra por encima de los dos millones de euros y se aseguró algún mecanismo de control o negocio mayor a futuro con el 20% sobre el beneficio neto de una futura venta.

Benfica y Napoli, atentos

El Benfica está siguiendo con atención su evolución, no tiene cláusula de recompra fijada, pero sí derecho de tanteo. Pero va a tener que competir contra clubes con enorme capacidad como Arsenal o grandes de Italia como el Napoli. 

Nunca pensé en jugar contra mi padre, sino con mi padre

Antes de Italia, un apellido y una historia

Varela no llegó hasta aquí desde un lugar desconocido para el fútbol portugués. Se formó en las canteras del Sporting de Portugal, el PAOK griego y el Benfica, y recorrió las categorías inferiores de la selección portuguesa. Sin embargo, su historia había adquirido notoriedad mucho antes de esta explosión goleadora, por una razón que nada tenía que ver con sus estadísticas.

El 10 de noviembre de 2024, cuando tenía 19 años, se enfrentó a su padre, Fernando Varela, durante un Benfica B-Alverca de la segunda división portuguesa. Fernando, defensa central internacional con Cabo Verde en 51 ocasiones, estaba disputando la última temporada de su carrera. El Benfica B ganó 2-1 y Gustavo jugó 82 minutos. No marcó, pero aquel encuentro quedó grabado en la memoria de ambos.

"Nunca pensé en jugar contra mi padre, sino con mi padre", explicó entonces el delantero en una entrevista con la televisión del Benfica. Fernando fue todavía más contundente: calificó el encuentro como el partido más importante de su vida, por encima de los títulos individuales y colectivos que había conquistado durante su carrera.

Más que ser buen jugador, tiene que ser una buena persona y un buen profesional

La historia tenía un componente familiar que trascendía el fútbol. Fernando había sido padre a los 17 años y había llevado a Gustavo a entrenamientos desde pequeño. El delantero creció entre balones, vestuarios y conversaciones sobre el juego. Con el tiempo, su padre se convirtió en su mayor crítico y su mayor admirador. Después de los partidos, Gustavo siempre le escribe para preguntarle qué podría haber hecho mejor y dónde necesita mejorar.

"Más que ser buen jugador, tiene que ser una buena persona y un buen profesional", dice siempre Fernando al hablar del legado que esperaba dejarle. La frase ayuda a entender el tipo de futbolista que Gustavo intenta ser: alguien que busca construir una gran carrera, dentro y fuera del campo, a todos los niveles.

El segundo enfrentamiento entre ambos llegó en abril de 2025. El partido terminó 0-0; Gustavo entró en el minuto 60 y Fernando fue sustituido seis minutos después. Poco más de un mes más tarde, el defensa disputó su último encuentro profesional. El círculo se había cerrado.

Ocho goles que son tendencia

El contexto también cuenta: el Monza necesita aprovechar sus oportunidades y Juric ha encontrado en Varela una pieza capaz de resolver partidos.

Pero hay razones para mirar más allá de la estadística. Sus goles no llegan todos de la misma manera, su impacto no depende de una única zona del campo y su evolución desde Portugal apunta a un delantero que está aprendiendo a asumir responsabilidades mayores.

Sus seis goles en la Serie A lo sitúan, además, por delante de otros nombres portugueses de enorme proyección o trayectoria internacional en el recuento goleador que deja esta jornada: Cristiano Ronaldo suma cinco con el Al Nassr; João Félix y Bruno Fernandes, cuatro cada uno; Diego Moreira, Gonçalo Ramos y Fábio Silva, tres. La comparación reúne competiciones y contextos diferentes, por lo que no pretende establecer quién es el mejor futbolista portugués, pero sí dimensionar el arranque anotador del delantero del Monza.

En Portugal conocen su formación y su historia. En Italia, es una sensación. Y el aficionado al fútbol tiene ahora una buena razón para seguirlo: no es frecuente encontrar a un delantero de 21 años que, después de una temporada de lanzamiento en Portugal, aterrice en la Serie A y empiece a decidir partidos con esta personalidad.

El lunes, ante el Cagliari, Varela volvió a dejar su tarjeta de visita. Dos goles, una asistencia y otra noche en la que el partido terminó hablando de él. El apellido ya tenía historia. El delantero está escribiendo la suya.

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