Arqueólogos descubren algo extraordinario entre las ruinas de una antigua ciudad maya de México que parecía abandonada
Un estudio arqueológico revela que la antigua ciudad maya de Aké continuó habitada durante siglos después de su colapso político, como demuestran 96 construcciones levantadas entre sus ruinas.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante siglos, las ciudades mayas del norte de Yucatán fueron escenario de importantes transformaciones políticas, religiosas y sociales. Algunas llegaron a reunir a miles de habitantes alrededor de grandes plazas, templos y edificios monumentales. Sin embargo, entre los siglos X y XII, muchas de aquellas urbes experimentaron un profundo declive. Sus gobernantes perdieron el poder, las construcciones comenzaron a deteriorarse y parte de la población se desplazó hacia otros asentamientos.
Una de aquellas ciudades fue Aké, situada en el actual estado mexicano de Yucatán. Hacia el año 900 d. C., pudo alcanzar los 19.000 habitantes, pero apenas dos siglos después su organización política había desaparecido. Durante mucho tiempo, los restos arquitectónicos se interpretaron como el testimonio de una ciudad abandonada, visitada ocasionalmente por peregrinos que acudían a sus antiguos santuarios.
Ahora, una investigación publicada en la revista científica Latin American Antiquity cuestiona esa interpretación. El arqueólogo Roberto Rosado-Ramírez, de la Universidad de Virginia, ha documentado evidencias de que el antiguo centro urbano continuó habitado durante aproximadamente 450 años, entre el 1100 y el 1550 d. C. Lo que parecía una ciudad desierta albergó viviendas, espacios familiares y pequeños santuarios construidos entre los restos de sus antiguos monumentos.
El estudio, titulado Vibrant Maya Ruins: Community Territorialization in Ake, Yucatán, Mexico, propone una lectura diferente de la historia de este asentamiento. La desaparición de sus instituciones políticas no significó necesariamente el final de la comunidad. Por el contrario, sus habitantes reorganizaron su vida cotidiana alrededor de unas construcciones que habían perdido su función original, pero que seguían conservando una considerable importancia religiosa y cultural.
Las 96 construcciones que cambiaron la interpretación de Aké
La principal evidencia procede de un conjunto de 96 pequeños montículos identificados dentro del recinto amurallado de la antigua ciudad. Estas estructuras, de unos 45 metros cuadrados de superficie media, sirvieron como plataformas para viviendas levantadas con postes de madera y cubiertas vegetales, materiales habituales en la arquitectura doméstica maya.
Los arqueólogos excavaron sobre 17 de estos montículos o en sus inmediaciones y recuperaron fragmentos cerámicos fechados entre los años 1100 y 1550. Además, una muestra procedente de un depósito de residuos proporcionó una datación por radiocarbono situada entre 1116 y 1218. Los resultados respaldan la existencia de actividad doméstica después del colapso político de la ciudad.

La distribución de las construcciones resulta especialmente reveladora. Al menos 76 de los montículos estaban organizados en doce conjuntos alrededor de patios compartidos, una disposición característica de los espacios habitados por familias extensas en numerosos asentamientos mayas. No se trataba, por tanto, de pequeñas estructuras levantadas de manera aislada.
Las excavaciones también permitieron recuperar piedras de moler, herramientas líticas, restos de recipientes, huesos de animales y malacates utilizados en el hilado. Estos materiales ofrecen indicios de actividades relacionadas con la preparación de alimentos, la elaboración de tejidos y el mantenimiento de los hogares. La antigua ciudad ceremonial había adquirido una nueva función residencial.
Construyeron sus casas con piedras de los antiguos edificios
Una característica particularmente interesante es el aprovechamiento de materiales arquitectónicos anteriores. Al menos el 75 % de los montículos tardíos incorporaba grandes bloques procedentes de los edificios monumentales del periodo Clásico. Algunas piedras conservaban elementos tallados, mientras que otras fueron adaptadas a nuevos usos domésticos.
Este reciclaje permitió construir viviendas aprovechando recursos disponibles, pero también estableció una relación material con el pasado. Las familias habitaban espacios donde todavía podían reconocerse los restos de generaciones anteriores. Antiguas plazas, calzadas y estructuras derrumbadas pasaron a formar parte del paisaje cotidiano.
La dimensión religiosa tampoco desapareció. Los investigadores identificaron cinco pequeñas construcciones interpretadas como posibles santuarios. Tres estaban situadas junto a edificios arruinados y otras dos sobre acumulaciones de escombros. En una de ellas apareció un fragmento de estela del periodo Clásico temprano, fechado aproximadamente hacia el 600 d. C., acompañado de numerosos restos de incensarios cerámicos.
Para Rosado-Ramírez, estos indicios ayudan a comprender por qué la población siguió ocupando el antiguo centro monumental. Las construcciones deterioradas podían mantener su condición de lugares vinculados a los antepasados y las divinidades. Las ofrendas, los enterramientos y la reutilización de objetos antiguos sugieren que los habitantes continuaron relacionándose ritualmente con aquellos espacios.

El verdadero final de la comunidad llegó con la colonización española
Los resultados también obligan a reconsiderar el significado del llamado colapso maya. En Aké, la pérdida de autoridad política entre los años 1000 y 1100 coincidió con un proceso de deterioro monumental, posiblemente favorecido por las sequías prolongadas y los conflictos regionales. Sin embargo, las evidencias arqueológicas indican que la vida comunitaria continuó bajo una organización diferente.
De hecho, el investigador plantea que pudo producirse una transformación de la población existente, más que su sustitución por nuevos habitantes. La semejanza entre los materiales domésticos de las zonas periféricas y los recuperados en el recinto central respalda la posibilidad de un desplazamiento de familias hacia el antiguo núcleo urbano.
El episodio que habría provocado la desaparición de esta comunidad se sitúa mucho más tarde, durante la dominación española. Una carta de 1567 menciona a un gobernador indígena de Tichake, topónimo relacionado con Aké. Sin embargo, el asentamiento no aparece en las posteriores Relaciones Geográficas de Yucatán, circunstancia que lleva al autor a plantear su posible despoblamiento entre 1567 y 1580.

La explicación propuesta apunta a la política colonial de congregación, mediante la cual las autoridades españolas concentraron a numerosas poblaciones indígenas en localidades administradas bajo el nuevo régimen. Aunque el destino de los habitantes de Aké no se ha podido establecer con certeza, la investigación sugiere que este proceso pudo interrumpir una continuidad comunitaria que había sobrevivido durante siglos a la caída del poder político maya.
El caso de Aké muestra que una ciudad puede dejar de funcionar como capital política sin convertirse inmediatamente en un lugar deshabitado. Sus templos se deterioraron, pero entre las piedras continuaron desarrollándose actividades domésticas y ceremoniales durante generaciones. Aquellas ruinas no señalaron simplemente el final de una ciudad: también formaron parte de otra etapa de su historia.
Referencias
- Rosado-Ramirez, R. (2026). Vibrant Maya ruins: Community territorialization in Ake, Yucatán, Mexico. Latin American Antiquity, 1–13. doi:10.1017/laq.2026.10210
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