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Thursday, October 8, 2026

Los Pericos: del encuentro casual que dio origen al grupo a la situación molesta que lograron superar

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En una soleada tarde de primavera, todo transcurre con calma y tranquilidad por las calles del barrio porteño de Núñez. Y es ese mismo espíritu apacible el que reina dentro de Robledo Sound Machine, la antigua casona que desde hace décadas funciona como búnker, sala de ensayo, museo (con fotografías, afiches y premios, entre otros artículos vinculados a su historia) y también como estudio de grabación y punto de reunión de Los Pericos.

Allí es precisamente donde se produce el encuentro de LA NACIÓN con Juanchi Baleirón (voz y guitarra) y Ariel “Topo” Raiman (batería), miembros fundadores del grupo, quienes ultiman detalles de su inminente gira por distintos puntos del país y Latinoamérica pero cuyo epicentro será el concierto que el 22 de octubre ofrecerán en el teatro Gran Rex con motivo de la presentación de su más reciente álbum.

En Inmortal, tal su título, las 10 canciones que lo componen giran en torno al concepto del paso del tiempo, la madurez, el crecimiento y la trascendencia más allá de los años transcurridos, todos tópicos que en algún momento de la vida suelen aflorar. Y más, tratándose de una banda cercana a las cuatro décadas de carrera.

“Una vez que terminamos los temas, encontramos que había un hilo conductor que podría llegar a tener que ver con la trascendencia y la inmortalidad. Justamente, el primer corte del disco fue ‘Inmortal’. Y si a eso le sumamos que a fines de este año vamos a cumplir cuarenta ininterrumpidos como banda es como sentirnos un poco inmortales. Además, creemos que cuando no estemos más acá, la música sí va a seguir permaneciendo”, explica Juanchi Baleirón mientras Ariel “Topo” Raiman agrega: “A partir de allí, se nos ocurrió sumar lo de la cápsula del tiempo. Se trata de una serie de cajas que contienen diez objetos, uno por cada canción del disco, más un QR, que las enterramos en diferentes lugares, como Salta, Mendoza, Córdoba y Guadalajara, con la idea de que quizás alguien en el futuro las descubra y pueda saber cómo sonaban Los Pericos en 2026”.

Con Willy Valentinis (guitarra), Diego “Chapa” Blanco (teclados), Gastón Goncálvez (bajo) y Marcelo Blanco (percusión) completando la formación, el grupo construyó una trayectoria que conoció el éxito repentino allá por 1987 a través de Los Pericos, su ópera prima, y sobre todo a partir de dos hits instantáneos: “El ritual de la banana” y “Jamaica Reggae”. Luego sobrevinieron más discos - con Big Yuyo (1992), Pampas Reggae (1994), Yerba buena (1996) y Mystic Love (1998) entre los más destacados -, viajes, giras, distinciones y el reconocimiento tanto local como internacional que los erigió como uno de los pioneros del reggae en Argentina y en gran parte de América Latina.

Los Pericos en 1987, época del debut. "Todavía nos veíamos como una banda purista", dice JuanchiNicolás Dujovne / Gentileza Juanchi Baleirón

Por otro lado, también experimentaron los lógicos altibajos y vaivenes que atraviesan la mayoría de las agrupaciones, sufrieron algunos cambios de integrantes, sobrevivieron con holgura y entereza a la salida de Bahiano (voz) en 2004 e incluso lograron sobreponerse a un momento muy duro, la muerte del saxofonista Horacio Avendaño, ocurrida en 2013.

Sin embargo, Los Pericos continúan en pie no sólo por la trascendencia de sus canciones - que alcanzan a las nuevas generaciones - sino porque siempre priorizaron la idea primal de considerarse un grupo de amigos antes que una mera banda musical. Ese parece ser entonces el pilar fundamental sobre el que se apoyan los cimientos de un sexteto que vive y disfruta del presente y que nació de la sólida amistad forjada entre Juanchi y el Topo a principios de la década del ochenta.

“Empezamos siendo un grupo de amigos unidos por la música y eso se mantiene hasta el presente. Todos los que con el tiempo se fueron acercando a ese grupo también se convirtieron en amigos y terminamos tocando juntos. Después, el proyecto creció, se profesionalizó y comenzamos a tener otras responsabilidades. Pero nunca dejó de ser esa misma idea básica: la de un grupo de amigos que se divierte tocando, que siempre se sintió identificado con lo que hacía y que nunca se apegó al camino fácil de repetir una fórmula probada. Así nos desarrollamos como banda y evolucionamos independientemente de los resultados”, detalla Raiman.

Topo Raiman y Juanchi Baleirón en la casa de Los PericosSantiago Filipuzzi

-A propósito de desarrollarse como banda, la historia de Los Pericos comenzó aquí, en esta casa. ¿Qué recuerdan de esos inicios?

Baleirón: -Sí, todo comenzó en esta casa y exactamente en este mismo espacio donde estamos conversando ahora. El Topo y yo nos conocimos en 1982 en la puerta del colegio Julio Argentino Roca de Belgrano. Pero todo se dio de pura casualidad. Yo estaba en la entrada de esa escuela esperando a un amigo que al final nunca llegó. En una charla informal con otros amigos, comenté al pasar que estaba buscando un baterista para mi banda. En eso, un señor que estaba dentro de un auto estacionado en ese mismo lugar, escuchó la conversación y me dijo que su hijo tocaba la batería. Ese señor resultó ser el padre del Topo y así comenzó la historia. En ese momento, el Topo tenía 12 años y yo 16, pero a pesar de la diferencia de edad, nos pasamos los teléfonos, nos reunimos para tocar y la cosa fue fluyendo.

Raiman: -Empezamos haciendo temas de rock nacional, como “Vasudeva”, un reggae de Gustavo Santaolalla. En aquel entonces, el cantante de la banda era Javier Doberti, que luego terminó trabajando en la CNN. Más tarde incursionamos en el heavy metal, después en la new wave y allí se sumaron Leo Satragno, uno de los hijos de Pinky, el bajista Hernán Gravelloni y Danny Boy en la voz.

-¿Y cuándo fue que descubrieron el reggae?

Baleirón: -Al principio, en nuestra ignorancia adolescente veíamos a The Police, Madness, The Clash y al propio Bob Marley como parte de la new wave. Pero después nos fuimos interiorizando mucho más en el reggae, escuchando discos esenciales: descubrimos a UB 40 y Paralamas y todo decantó hacia ese lado. Yo tenía un libro llamado Reggae International que era una especie de biblia del género, con mucha información e historia de Jamaica. Eso también nos ayudó mucho a entender de qué iba el asunto.

Raiman: -En esa época, tras algunos cambios de integrantes y ya con Bahiano como cantante, fue cuando mi viejo nos vio ensayando en este mismo lugar y nos dijo que si queríamos seguir adelante con la banda debíamos subir un escalón. Y así fue que grabamos nuestro primer demo, con los temas “Jamaica Reggae” y “El ritual de la banana”. Lo llevamos a Feedback, el programa que conducían Mario Pergolini y Ari Paluch en la Rock & Pop, y la cosa explotó. La gente empezó a llamar a la radio pidiendo nuestros temas y el resto es historia conocida.

-¿Cómo lograron asimilar la súbita exposición que obtuvieron ya desde ese primer demo y que luego se amplificó con la salida del álbum debut?

Raiman: -Éramos un grupo de pendejos con ganas de que eso pase y realmente estaba sucediendo. Todo era pura alegría y una diversión permanente. Pero si bien obtuvimos un éxito casi instantáneo, supimos manejarlo, no nos volvimos locos y fuimos adaptando nuestra vida al devenir de la banda.

-Aunque al mismo tiempo recibían muchas críticas por cantar en inglés...

Baleirón: - ¡Uf!, nos dieron con un caño por eso. Pero viéndolo a la distancia, lo entendemos perfectamente. La generación de músicos anterior a la nuestra, que hacía una música más seria si se quiere, nos veía como un grupo de diez pibes que habían alcanzado la fama saltando y cantando en un inglés medio improvisado. Además, como hacíamos reggae viniendo de Belgrano y de Barrio Norte y no éramos rastas del conurbano, nos convertimos en un blanco fácil para las críticas. En un primer momento, esa situación nos molestó mucho pero después nos relajamos y seguimos adelante. Además, uno de nuestros máximos referentes era Sumo, donde Luca Prodan cantaba en inglés. Entonces, si él lo hacía, ¿por qué nosotros no?

-¿De qué manera superaron el alejamiento de Bahiano y algunos años después la pérdida de Horacio Avendaño, considerando el núcleo firme que siempre demostraron tener como grupo?

Raiman: -En realidad, son situaciones diferentes para las cuales nunca estás preparado. Son cosas que te pasan y ahí tenés que improvisar en base a las herramientas que te da la vida. Aunque en ambos casos estuvimos muy unidos: cuando se fue Bahiano todo era muy extraño pero sabíamos firmemente que íbamos a seguir como grupo. Y cuando perdimos a Horacio estuvimos muy tristes porque se había ido uno de nosotros. Sin embargo, de a poco empezamos a zapar y a hacer música como una especie de terapia. Y eso, de alguna manera, fue un alivio.

Juanchi y el Topo se conocieron en 1982, cuando el cantante y guitarrista tenía 16 años y el batería apenas 12Santiago Filipuzzi

-¿Desde un principio se tomó la decisión de que vos, Juanchi, asumieras el rol de cantante o se barajaron otras variantes?

Baleirón: -No, primeramente pensamos en un montón de opciones. En un momento tuvimos la idea muy firme de sumar al venezolano Blanquito Man, el cantante de King Changó, que vivía en Nueva York. Mantuvimos un par de charlas con él pero al final no se dio. En el mientras tanto, durante los ensayos yo había empezado a cantar de un modo informal sólo porque era el que hacía los coros. Un día nos llamaron para dar un show en Perú y cuando les dijimos que Bahiano ya no estaba en el grupo, a ellos no les importó y nos contrataron igual. Esa fue la señal que nos dio el impulso y la confianza necesarias para seguir adelante conmigo en la voz.

-¿Existe la posibilidad remota de volver a presentarse al menos una vez en vivo junto a Bahiano, teniendo en cuenta que ya pasaron más de 20 años de su alejamiento?

Baleirón: -Por ahora no hay nada pautado en ese sentido. Entre nosotros está todo más que bien. Pero él está con su proyecto y nosotros estamos muy cómodos y conformes haciendo lo muestro. De todas maneras, nunca se sabe. Quizás un día nos encontramos y surge hacer algo juntos. No tenemos ningún tipo de bronca ni resentimiento para con él. Es más, Bahiano no sólo le dio mucho a Pericos, ya sea como frontman o como compositor, sino que siempre se comprometió a full con el proyecto. Preferimos quedarnos con esa parte y dejar atrás las diferencias.

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