Disparate en Bilbao
El partido de la Real en San Mamés no fue brillante, no está claro que fuera suficiente para merecer algo más. Los txuri urdin venían en una racha increíble, estaban bien posicionados y con confianza pero podían perder en Bilbao. Entraba dentro de lo factible ante un buen equipo en su casa. Pero lo que es más que evidente es que, una vez más, el derbi vasco en San Mamés estuvo marcado por el equipo arbitral. No solo por la acción decisiva en sí, sino porque fue cuando la Real mejor estaba, habiéndose rehecho de un mal inicio. No es cuestión de señalar a un Alejandro Hernández Hernández que estuvo fatal pero que podía ver en directo infracción, sino a todos sus compañeros, tanto los que le acompañaron en Bilbao como los que estaban en una sala en Madrid, incluso a los que gestionan, dirigen y detallan normativas, protocolos y todo lo demás. La Real tuvo la ‘fortuna’, además, de que este derbi fuera el que estrenara, en DAZN, las explicaciones pospartido del árbitro. Peor todavía, al tener que ver y escuchar justificaciones que se alejan de la realidad y que contrastan, además, con la opinión hasta del entrenador rival, que fue un señor reconociendo sentirse beneficiado. La cara de incredulidad de Aramburu al ver cómo pitaban penalti y lo confirmaban desde el VAR solo puede ser superada por la que no se vio, del propio venezolano, viendo la repetición al acabar el encuentro. Sensación de injusticia, impotencia e incomprensión. Se acaba la racha de derbis de la manera más incendiaria pero la Real tiene que seguir, porque tiene un partido muy importante el jueves.
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